Posteado por: bibliopress | junio 27, 2007

Entrando al trapo con las TIC

Este articulo es de Fran Iglesias, publicado en el Proyecto Grimm

Tal vez seas un apasionado/a de la tecnología que no sabe cómo controlarse para empezar a utilizar las herramientas TIC en tu clase. O, por el contrario, quizá seas muy escéptica/o acerca de sus cacareados beneficios. O puede que en realidad te asuste el tema, pero sientes la obligación de hacer algo en este terreno. Introducir las TIC en la cotidianeidad de un aula escolar se sigue viendo por muchos como un reto, un trabajo añadido, un esfuerzo que quizá no valga la pena. ¿Es realmente así?

Vamos a iniciar una serie de artículos que pretenden ayudar a clarificar ideas a quienes buscan hacer su primera actividad de clase con TIC. También a quienes ya han empezado, pero no acaban de verle el sentido. No buscamos dar recetas, más bien queremos dar orientaciones y principios que den sentido al trabajo.

Hablamos de educación

Lo primero y principal que tienes que tener en la cabeza es que eres maestro/a o profesor/a, que tu meta es una meta educativa.

Lo segundo, que ninguna tecnología te hará ser mejor profesor o dar mejores clases.

Si tienes esto bien claro, tienes la mitad del camino andado.

¿Por qué TIC?

Cualquier cambio en la metodología de la enseñanza nos tendría que llevar a la misma pregunta: ¿en qué medida este cambio me ayuda a aproximarme a mis objetivos educativos? Si la respuesta es satisfactoria, podemos apostar por llevar a cabo ese cambio.

Pero ¿cómo saberlo? Los beneficios de la aplicación de las TIC en educación han sido pregonados a los cuatro vientos desde hace varias décadas ya sea por pedagogos o tecnólogos, pasando por vendedores y fabricantes de cachivaches. Periódicamente asistimos al nacimiento de la “herramienta TIC definitiva” que va a arreglar todos los problemas de atención y esfuerzo de los alumnos y que va a aportar al trabajo docente cotas de facilidad y comodidad inimaginadas.

Sin embargo, todos hemos sido testigos directos o indirectos de numerosos fracasos en este campo, así que el escepticismo se nos supone.

Conclusión: la tecnología no hace milagros, aunque en manos de buenos profesores la cosa ya no está tan clara.

Algunos mitos que conviene cuestionar

El cachivache x ahorra trabajo/tiempo al profesor. Falso. Las TIC no ahorran trabajo. Ciertos usos de las TIC pueden ayudar a reducir algunos tipos de tareas repetitivas o tediosas. Lo normal es que las TIC te den más trabajo.

Otra cosa es que puedas disfrutar más de ese trabajo u obtener resultados que te satisfacen más como maestro y que difícilmente podrías alcanzar sin usarlas.

El programa x enseña a los niños a tal o cual cosa. Falso. ¿No habíamos quedado en que el maestro/a eres tú? En todo caso, un programa de ordenador puede ayudar a tus alumnos a practicar algo que les has enseñado y que, probablemente, podrían practicar con igual eficacia en tareas tradicionales de lápiz y papel.

Otra cosa es que ese tipo de práctica repetitiva que proporcionan algunos juegos y programas es más agradable de realizar para los alumnos y trabajarán más tiempo y practicarán más.

Las TIC permiten individualizar la enseñanza. Falso. Como profesor eres el único que puede hacer eso y las TIC pueden ser una herramienta que te facilite conseguirlo en la medida que las uses con ese objetivo.

La creencia en ese poder taumatúrgico de las TIC para mejorar la enseñanza es uno de las fuerzas que más dificultan un uso realmente educativo.

Para aplicar las TIC hace falta mucha formación. Falso. Necesitas conocer las posiblidades que te ofrece la tecnología, pero no tienes que ser un experto (Y la información que más necesitas no tiene por qué ser técnica). ¿Sabes acaso como funciona una lavadora o un televisor? No. Sin embargo, los utilizas a diario y les sacas partido. ¿Has tenido que hacer cursos de 40 horas reconocidos por la Consejería? No. ¿Por qué? Porque sabes para qué quieres la lavadora.

Qué puede aportar usar las TIC en educación

Para empezar, deberíamos considerar por un momento la idea de que las tecnologías de la información y la comunicación están aquí para quedarse. Tal vez queda gente por ahí que ve Internet como una moda pasajera o que los ordenadores son sólo para tecnólogos. Son los mismos que hace algunos miles de años pensaron que el fuego era un juguete curioso y peligroso y que después de la novedad la tribu volvería a la carne cruda.

Recordemos que nuestro modelo mental de escuela en pleno siglo dieci… ¡veintiuno! (como dirían Les Luthiers) es una variante ligeramente mejorada de las escuelas medievales. Lo cierto es que el ente abstracto “escuela” parece querer vivir impermeable a los cambios y hasta experimenta un cierto rechazo por las propias “ciencias de la educación”.

Para decirlo en pocas palabras: la escuela debería integrar la tecnología porque forma parte del abanico de herramientas que están disponibles hoy. Es más:

  • El alumnado es “homo sapiens digitalis”. Vive en un mundo en el que las tecnologías de la información y la comunicación forman parte de su vida cotidiana: usan teléfonos móviles, ordenadores, Internet
  • El alumnado es “tecnoparlante”: habla en el lenguaje audivisual y tecnológico.

Dicho lo anterior, la integración de actividades TIC en el aula puede aportar algunos beneficios en tanto que puede (potencialmente):

  • Favorecer la adopción de metodologías de trabajo colaborativo, ya sea porque las actividades TIC requieren de trabajo en equipo, ya sea porque existen tecnologías (correo electrónico, chat, blog, wiki…) que sirven como herramientas para realizarlo.
  • Facilitar la creación de conocimiento y contenidos desde la escuela. En lugar de limitarse a recibir, la escuela dispone ahora de herramientas para hablar. Y la audiencia potencial es todo el mundo.
  • Permitir la realización de actividades “imposibles” como rodar y montar una película, establecer una radio y/o televisión escolar mediante podcast, comunicarse con escuelas de otros lugares en tiempo real y un largo etcétera.

No hablamos de la escuela “virtual” porque nuestra escuela es todavía presencial. La enseñanza a distancia es una modalidad específica a la que las TIC aportan una gran cantidad de herramientas de contenidos y comunicación. Sin embargo, nuestras escuelas infantiles, nuestros colegios de primaria y nuestros institutos de ESO siguen siendo entornos presenciales.

Pero, ¿cómo hago entonces?

Explora

Un primer acercamiento podría ser tratar de conocer lo que se hace con tecnología en las aulas. Por supuesto, Proyecto Grimm es un buen punto de partida, pero hay muchos más espacios en la web por donde investigar.

El objetivo de esta exploración tendría que ser el de ir abriendo tu mente a ideas que tal vez no te hayas planteado. No se trata tanto de aprender los detalles técnicos como de encontrar inspiración. Algunas aplicaciones de las TIC a tu aula pueden ser bastante evidentes, otras resultan sorprendentes.

La imaginación necesita ejemplos para nutrirse y crecer. Aliméntala bien.

Imagina

El ansia por aplicar la tecnología a una actividad nos lleva a veces a la situación de “solución en busca de un problema”. Volviendo al caso de la lavadora: te compras la lavadora porque quieres lavar ropa, pero no la ensucias para poder lavarla.

La integración de la tecnología en el aula tendría que responder a una necesidad: mejorar o potenciar el proceso de enseñanza y aprendizaje.

Sobre la base anterior puedes imaginar la forma en que ciertas experiencias que has recogido en tu exploración de posibilidades servirían para aportar una mejora en tu trabajo de clase. Es una forma un tanto rimbombante de decir que si sabes lo que quieres conseguir con tu enseñanza, entonces puedes llegar al punto en que la tecnología “encaja” en ella.

Prepara

Si en tu cabeza han empezado a funcionar los engranajes entre pedagogía y tecnología, el paso siguiente sólo puede ser pensar en cómo lo vas a llevar a cabo. La clave está en que las actividades TIC sean un recurso más de los que cuentas para trabajar, ni más ni menos. Y, por tanto, tomado en la misma consideración que cualquier otro que pudieras querer utilizar.

Y cuando decimos esto nos referimos a que tienen que ser programadas como cualquier otra actividad. Tienen que responder a una finalidad en el contexto de una programación de aula. Tienen que ser evaluables y evaluadas.

Acompaña

Una cosa que irás descubriendo es que las buenas actividades TIC son proyectos relativamente complejos y que, en cierto modo, no se sabe cómo acaban.

En esa situación ciertas “certezas de profesor” desaparecen y te encuentras, por así decir, al nivel de los alumnos, con una diferencia importante: se supone que sabes a dónde quieres llegar con eso (ver el punto anterior). Entonces tu papel es más de acompañante y guía de los alumnos en un camino que ellos tienen que recorrer básicamente solos.

Pongamos por ejemplo que propones la realización de un podcast sobre temas de tu asignatura. Pues bien, tus alumnos tendrán que preparar su guión, buscar su forma de expresar las ideas y terminarán por crear algo diferente. Es decir, el trabajo resultante no reproducirá lo que has explicado en la clase, ni lo que viene en los libros de referencia: será algo nuevo (de ahí lo de saber cómo acaban estos proyectos)

Eso sí: en ese viaje habrán aprendido algo sobre el contenido, pero también sobre el método de trabajo, sobre la búsqueda de información, sobre el lenguaje oral y la comunicación.

Y tú, seguramente, también.

Entrando al trapo de las TIC II. Las actividades TIC
Entrando al trapo de las TIC III. La formación


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: